The Body – “I have fought against it, but it can´t any longer” (2018)

The Body - The Body – “I have fought against it, but it can´t any longer” (2018)

Valoración

8.5 Crudeza
8.5 Profundidad
9 Ruido & Contundencia
8.7

¿Miedo a morir?

He de decir que quedé bastante sorprendido para mal cuando escuché este trabajo por primera vez. No esperaba un disco tan repleto de samples, sonidos industriales, drone y noise. Y no es porque no me gusten estos estilos, todo lo contrario. Sabía que habría crudeza y una capa lúgubre de principio a fin, que cubriría, no sólo la obra, sino también a todo el que lo escuchase (y escuche), pero no un sonido tan industrializado, dejando el metal bastante de lado. Esperaba la dureza, inclemencia y ritmos machacones a los que Lee Buford (batería) y Chip King (guitarra y voz) me tenían acostumbrado en trabajos pasados propios (largos, singles y EPs) como con el montón de colaboraciones que tienen con bandas tipo Full Of Hell, Braveyoung, Thou, Krieg o Uniform. Que no es que sea un sonido nuevo o propuesta desconocida, pues se ha venido viendo a lo largo de dichos trabajos hasta hoy, lo que The Body han sido y son. Un ejemplo es el álbum con el que les conocí, All the waters of the earth turn to blood (2010), (mini descripción aquí), una auténtica locura y ranciedad. Ritmos machacones y metal áspero, como si te estuvieran cortando con un bisturí para profundizar en tus cuencas venosas y dejarte sin sangre, sin aire y sin ser. ¡Y ojo, el corte del bisturí es fino, delicado y muy práctico. En este All the waters… , tú te construyes otro mundo con su música, y ellos, mientras tanto, desangrándote. Un disco que se puede catalogar como obra musical para enfermar. O el posterior largo, Christs, Redemers, de 2013, en el que se nota a leguas esa búsqueda y transformación de este dúo americano. Pasajes que te golpean la cara y contra los que no puedes batirte. Atmósferas únicas, explosivas y con las que quedas carente de palabras, pues todo son sentimientos muy personales. Ejemplo de esto, la colaboración con Full of Hell, One day you will ache like i ache, de 2016.

 The Body – “I have fought against it, but it can´t any longer” (2018)

Podría estar escribiendo varios días y no parar de analizar su música, pero quiero centrarme en su último trabajo, que después de muchas escuchas, me tiene atrapado, hipnotizado y asombrado. La capacidad de este álbum para hacerte caer en sus garras es mortífera y letal. Su introducción ya nos lleva a un estado mental diferente, un padre nuestro sermoneado por Chrissy Wolpert (Assembly of Light Choir), donde el amor está por encima de todo, los valientes son los pacientes y la luz es la que nos ayuda a sobrevivir. A cada uno le ayuda un tipo de luz. Con un cambio, como he dicho, ya muy radical en cuanto a su nuevo sonido, en donde todo está más sintetizado, armonioso con voces crudas y bellas, escuchen la fantástica colaboración de Kristin Hayter (Lingua Ignota) en “Nothing Stirs”, enfermo, porque sigue siendo un álbum para enfermar, depresivo, experimental y rocoso en cuanto a guitarras y baterías, lo nuevo de The Body, es para exprimirlo y acarrear con las consecuencias. Dicho resultado es atractivo y atronador, como el paso de los minutos, en los que se entremezclan una infinidad de sensaciones, sonidos y pensamientos… que no quedan en balde.

Desde el corte uno, “The last form of loving”, hasta el cuatro, “The west has failed”, y pasando por “Can carry no weight” y “Partly alive”, el sonido de The Body se asemeja fielmente a la portada de su trabajo. Oscuridad, miedo, redundancia sonora, gritos apocalípticos y cantos que te enmudecen por su impresionante belleza. Todo esto unido, resulta ser una apabullante construcción emocional de difícil concepción y brutal impacto. Y así continua el disco, sin miedo, con absoluta libertad para hacer lo que se ha querido, experimentando canción tras canción, luchando sin cesar hasta caer rendidos y encontrarse con un trabajo que no dejará indiferente a nadie -sea para bien o para mal-.

En la mitad del disco nos encontramos con tres piezas claves en este nuevo devenir del dúo de Portland: la citada “Nothing Stirs”, “Off script” y “An urn”. Con estos tres cortes, yo personalmente, pierdo la poca cordura que ya me queda, la pierdo y no la encuentro. La demencia se desata del todo con ritmos incendiarios en temas que pasan de los cuatro minutos, algunos van más allá de eso, y es entonces, cuando la cabeza se bloquea, queda paralizada, se ausenta del mundo y solo rondan notas y letras que hablan de alegría, pero también de tristeza, heridas y rechazo. Presenciamos maldiciones y oraciones de muerte y nos convertimos en nadie. Absolutamente sublime y demoledor todo. Sin duda, el tramo más agónico y enmudecedor de todo el disco. “An urn” es el punto álgido y más desquiciante de la obra, el momento en el que decidir si continuar -si no te has desconectado ya- hasta el final y después volver, o parar y retirarte para siempre. Pero si se ha llegado hasta aquí, se ha llegado lejos.

Para ir cerrando I have fought against it, but I can´t any longer, nos damos de bruces con “Blessed, Alone”, corte número ocho. Una pieza musical que debe de ensañarse en toda escuela musical, para que se sea testigo de la cruda, intimidante y maravillosa que puede llegar a ser una composición en cuatro escasos minutos. Un piano, la acojonante voz nuevamente de Wolpert y el industrial más ruidoso y devastador. Eso es, literalmente, esta genialidad. El disco cierra definitivamente con “Sickly heart of sand”, otro corte que hace del industrial repetitivo y bestia, algo con lo que soñar en adelante (a otros les puede causar pesadillas crónicas). Y “Ten times a day, every day, a stranger”, el sonido y experimentación que nos faltaba por escuchar en este largo. Crujido ascendente y enloquecedor para detenerse ante el vacío más profundo y dañino que la música de The Body te impone.

Aún siendo un álbum de cosecha propia, a estos dos chicos les gusta rodearse de buenos amigos, y en este sexto LP, repiten algunos conocidos por ellos: Chrissy Wolpert -mencionada arriba-, Ben Eberle (Sandworm) y Michael Berdan (Uniform); y la inestimable ayuda de Seth Manchester y Keith Souza (Machines with Magnets). Arreglos musicales y colaboraciones que dan al álbum más puntos que después habrá que intentar coser en la piel y cabeza de uno. Intensidad sonora, sensación de terror, melodías viscerales, un Chip King desatado -lo de este tipo no es normal-, ritmos penetrantes, dolorosos y asfixiantes. The Body se marcan una obra musical para guardar en los archivos de todo amante al metal extremo y sus ramificaciones sin poner peros ningunos a nada.


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