Mylingar – “Döda Drömmar” (2018)

Mylingar - Döda Drömmar (2018) - Reigns The Chaos

Valoración

9 Brutalidad
9 Extorsión
9 Instrumentalización
9

Caos y extenuación

En este mimo momento, uno de los discos candidatos a ser el trabajo más extremo del año, es sin lugar a dudas el Döda Drömmar, de Mylingar. Y lo digo tan pancho y me quedo muy a gusto, porque los casi cuarenta minutos que dura el debut de estos suecos, es pura extorsión cerebral. Con el EP editado en 2016, Döda vägar, y este primer largo, queda demostradísimo, que la radicalidad musical, que el extremismo que ya venimos viendo en otras bandas de diferentes puntos del planeta (los británicos Abyssal, los australianos Grave Upheaval [reseña de su último álbum aquí], por ejemplo), puede ir subiendo de nivel de forma constante y con una calidad que abruma, asusta y bloquea la mente. Porque esto es precisamente lo que Mylingar consiguen con una primera escucha de su brutal, animal y asombroso disco. Sí, uno se puede incluso asustar, se puede quedar noqueado y hasta con mal cuerpo. El black y death metal que practican, lo suben varios peldaños más de lo que hasta ahora conocíamos, y en siete cortes, destapan lo que puede ser un nuevo punto de inflexión en el panorama extremo musical. Su velocidad, su no concesión de dejar respirar, sus voces, que sobrepasan las de cualquier aviso de riesgo auditivo, sus cuerdas y percusión a un altísimo ritmo de visceralidad y estruendo, son para estudiar y diseccionar, y conseguir así, un mayor placer si cabe. Su concepción, la de esta banda que ni sabemos quiénes o cuántos son (solo que son suecos), deja escrito con notas que sangran, que tienen muchísimo que contar a un mundo que es aplastado sin estupor.

Desde su comienzo y hasta su final, no hay hueco para la insinuación, margen para divagar, o momentos de desconexión. Por esto mismo, es por lo que he añadido arriba, que Mylingar, suben unos peldaños más en este mundo de caos y brutalidad musical, pues su propuesta, sin ser nueva, sí que contiene nuevos chispazos -que arden, por cierto- dejando entrever lo que una nueva ola de bandas extremas podrían traer a este negro siglo XXI. Y tampoco importa que lo escuches de forma aleatoria, el álbum sigue una directrices y química, que ahoga y abrasa por igual. Es un brutal y muy serio guantazo a la escena extrema temas como el de apertura, “Skammen”, el cual deja sin aliento y conocimiento al oyente. Poderoso tanto en su forma como en su ejecución, con unas cuerdas, guitarras y bajo, que taladran, y una batería, que apisona. No existe otra cosa que brutalidad musical envenenada.

Början”, con un insultante vocalista, porque es cosa muy aparte de lo del tipo que se encargue de atormentar las mentes de esta forma, más unas guitarras que desafían hasta el mismísimo final de la vida, un bajo en plan machete exterminador, o la batería, que parece estar poseída, muele tripas y entrañas. Es un tema en el que el extremismo es llevado a su punto más alto en la pirámide de la crueldad. Pero también están “Löftet” o “Besvikelsen”, dos jodidas piezas mayúsculas de una conjura musical intransferible e imposible de ser copiada. Sus ritmos son caóticos, la voz proporciona incomodidad, cabe la posibilidad de sufrir espasmos, una parada cardiorrespiratoria y caer en la locura más profunda e incurable. Riffs amenazantes, martilleantes y mordientes. Pases y compases, definitivamente, mortales.

Un disco grotesco, sofocante, asfixiante y un maltratador neuronal en toda regla. Döda Drömmar es corrosivo, increíblemente demoniaco, crujiente, atronador, visceral y asombrosamente único. Es una oda excelsa del metal más extremo, de la guturalidad llevada hasta los rincones del terror y la angustia, y de una instrumentalización, que sobrepasa todos los límites o registros prácticamente escuchados. Bien su bajo, las guitarras, como la batería, cabalgan sobre un mar de fuego con sus peores demonios dentro, sacando a relucir todo un espectro de almas insanas.

Döda Drömmar es apto para espeleólogos del submundo musical, por debajo, incluso, del underground. Treinta y nueve minutos dispuestos a cambiarte el sentido, fisionomía y las ganas de abrir los ojos, tímpanos y alma. Mylingar son cimentadores de un nuevo metal extremo que ya estamos viviendo y analizando. Un trabajo, que si tuviera que llevarlo al séptimo arte, encajaría perfectamente en la mayor parte de las secuencias de The Butcher, de Kim Jin-won, o Nails, de Andrey Iskanov. Y por ello, un álbum finalmente desquiciante, extremo, desafiante, claustrofóbico, bello y necesario.


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