Crónica: Swans – Garaje Beat Club, Murcia (14/10/2017)

Por encima del umbral del dolor.

El ruido es un sonido no deseado, además, afecta negativamente a la salud y el bienestar humano, por lo que es considerado uno de los contaminantes más invasivos y menos controlados de la sociedad actual.

 

NO PAIN. NO DEATH. NO FEAR. NO HATE

 

Las ganas de ver a Swans sobrepasaban cualquier barrera de ansiedad, como ellos sobrepasaron el umbral del dolor en cuanto a decibelios descargados. Hubo momentos donde la música se perdía entre el ruido que fueron capaces de ocasionar, porque de música altísima, pasaba a aborigen sónico sin comas ni puntos. Todo de golpe, te viniera mejor o peor. Por eso, mis tímpanos, aun habiendo recibido con locura y amor todas las notas musicales durante dos horas y treinta y cinco minutos, salieron bastante animados y sonoros (varios días, de forma gratuita, tuve a estos americanos sonando de oído a oído tan campantes ellos).

Sin mediar mucho con el público, directos a lo suyo, el setlist de Swans fue lo que estaba siendo en conciertos anteriores: “The Knot”, “Screen Shot”, “Cloud of Unknowing”, “The Man Who Refused to Be Unhappy”, y “The Glowing Man”. Cinco canciones que equivalieron a la duración citada arriba. Pocas bandas hoy día hacen lo que la banda de Nueva York. Primeramente, por su particular música; en segundo lugar, por cómo la llevan al escenario – incluimos el volumen como alma mortal-; y tercero, por una duración que normalmente no se ve en cientos y cientos de conciertos a los que se asiste en la actualidad. Su concierto, todo hay que decirlo, musicalmente hablando, es de difícil asimilación.

En primera fila quise ponerme y en primera fila me coloqué, bajo el alma negra de Michael Gira “el predicador”. Mis manos, sobre el filo del escenario, me dejaban dispuesto a ser torturado, rebanado y eclipsado -y sin tapones de ningún tipo-. El show comenzó, se desarrolló y finalizó como cualquier obra cinematográfica, donde su director y guionista, Michael Gira, puso segundo tras segundo a todos en su sitio y con una labor específica para cada uno de ellos. Salió como él deseaba, yo hubiese deseado algún tema de The Seer, como “The Apostate”, “Avatar” o la propia “The Seer”, pero fuera de eso, quedé bastante sorprendido y agradecido del espectáculo que se nos ofreció.

Abrieron con “The knot”, creada para ser tocada en directo y con una duración de cincuenta minutos -¿algo más, señoría?-. Experimento que desencadena en una continuación que te lleva a la locura total. Música disfrutable para muchos, sea por el sonido alto, por la puesta en escena, porque flotan con lo que se les da, o por cualquier otro motivo que esta música les provoque. “Screen Shot”, segundo de los cinco temas que se tocaron, es el más hecho para bailar -menos experimental- y con el que distinguir algo de luz entre tanta opresión sonora. Lo de después -como el comienzo-, es como ver Begotten de Edmund Elias Merhige: te deja los sesos hechos bicarbonato. Disfrutas, meneas la cabeza, cierras los ojos, pierdes el control de ella, de lo que estás escuchando y del día en el que vives. Crees que vuelas y por eso no miras hacia abajo. Sobre ti, seis animales maltratando la existencia de la sala, y tú sigues, y sigues, y sigues hasta que tu mente se bloquea, porque todo ha terminado y ya no sabes qué hacer. También los habrá con los ojos abiertos.

El batería estuvo poseído por el diablo y guiado por “El predicador”. El resto, se dedicó a cortar la mirada perpleja del allí presente, con sus cuerdas y teclado, perforando tímpanos y hurgando en ellos hasta hacerlos llorar. Sobre Gira, suficiente con llamarlo “El predicador” y ser el director de una experiencia musical, que sobrepasa absolutamente todo. Levita cuando canta, baila y toca su guitarra y consigue que se dance a la vez que él. Se escucharon cánticos, versos o proclamaciones, que venían de lo más profundo del ser humano. Hubo momentos para bajar al infierno e incluso con los que poder subir al cielo. Se me despeinó el cuerpo y se me agitó el alma. Se me erizó el corazón de tanto latido y sufrí por su muerte anunciada. La vida se pudo perder, porque Swans engulle sin que tú lo dudes.

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