Crónica Atavismo + Fire Moon – Moby Dick, Madrid (20/10/2018)

Crónica Atavismo + Fire Moon - Moby Dick, Madrid (20/10/2018)

A la caza de Atavismo

 

La noche del 20 de octubre, embarcados en el Pequod, nos topamos con la Moby Dick de Madrid. Íbamos dispuestos, la marinera Ter y un servidor, Gno, a disfrutar de una plácida noche de mareas con sabor a cebada húmeda, estrellas mágicas, olas psicodélicas y una banda sonora que no nos hiciera olvidar, nunca jamás, aquella noche, aquel fin de semana. Y la travesía no empezó nada mal, pues la lluvia hizo acto de presencia, y varios, como nosotros, ya rondaban los aledaños de popa, proa y estribor. Por allí, mientras observábamos la oscuridad de nuestra ruta, pasaron los que hasta ese momento, solo veía en cuadros de grandes hazañas marítimas, y leía en periódicos de la zona. Sí, al parecer, eran los capitanes de la embarcación: Pot, Pow, Mat y Koe.

Recorriendo los pasillos de dicho soporte acuático, presenciamos la actuación de una banda invitada por los capitanes, ellos eran Fire Moon (madrileños de rock progresivo). Grupo que se marcó una buena sesión de rock instrumental, con bastantes toques de psicodelia -gracias a su teclista-, progresivo y un dulce gusto a los sonidos de Pink Floyd. No los conocíamos, no sabíamos nada de ellos, pero fue un disfrutable entrante que amenizó la ansiada noche que todos deseábamos vivir. Aprobado para estos chicos sin ninguna duda.

Crónica Atavismo + Fire Moon - Moby Dick, Madrid (20/10/2018)

Y sin cenar, nos atrevimos a tal osadía, y pensando que los brebajes del Pequod podían hacernos confundir la osa mayor de la menor, nos presentamos en la popa, bajo el timón capitaneado por los cuatro de arriba antes mencionados, conocidos también bajo el nombre de Atavismo. Ya las ganas se salían del cuerpo, como si de un dragón tatuado en el pecho hubiese recobrado vida y desgarrándote el cuerpo se encontrara. Sonaba “Blazava” y el perdernos en alta mar, ya estaba asegurado. Nos perdimos, porque cogimos la ola que la guitarra de Poti nos marcaba. Sonidos profundos y ecos desde la profundidad llenos de belleza y calidad. ¡Boom! ¡Boom!, se escuchaba, eran cañonazos de psicodelia, guitarras que nos enmudecían y hacían bailar a su son. Llegaba el segundo corte, “La maldición del Zisco”, y lo único que se podía hacer, era contonear cintura, cuello y alma. Se cerraron los ojos y unos extraterrestres vestidos de algecireños nos volaban la sesera con un rock experimental progresivo, y un toque kraut, delicioso. Su sonido era mágico, con un aire a constelación gravitacional, increíble.

Crónica Atavismo + Fire Moon - Moby Dick, Madrid (20/10/2018)

Cuando ya era inimaginable lanzar un bote para darse la vuelta, fuimos agarrados fuertemente por la seductora “Kraken”, ¡y qué leches!, nos entró un tembleque de piernas y unas ganas de contar la verdad, que seguimos dejando a los capitanes con su tarea y nosotros con la nuestra. ¡Bailar!, ¡bailar! y ¡bailar! para descubrir el mar y cualquier visión que pudiera ser hasta mortal. Nadie era consciente hacia donde nos adentrábamos, pero Atavismo sabían muy bien qué carta náutica tomar, y por ello, sin apreciarlo, fuimos desnudados con progresiones rítmicas, sonoras, ácidas y experimentales, de armas tomar. Y con dicho alzamiento de la banda y tal redención de los allí presentes, llegó “El Sueño”. Palmas, muchas palmas para los que comandaban el timón, con una representación maravillosa de dicha pieza. ¡Sublime! Cuatro acojonantes músicos hablando a través de sus instrumentos sobre cómo hacer música encima de un escenario. Y en esas, un pequeño rayo de sol con “La Palmosa”, algo inexplicable, pues la noche nos había tragado, engullido con el especial estilo de estos fantásticos chicos. Y engullidos, bajamos hasta la cola que azotaba fuertemente la marea, para ser rociados con un afrodisiaco mágico, lisérgico y perpetuo.

A estas alturas, ya no importaba encallar, ser abducidos o vernos atacados por algún rey sanguinario del profundo océano. Atavismo, era el viaje sin retorno. Era la noche de ver por última un cuerpo inerte. Riffs y más riffs con unas extensiones en cuanto a duración y juego en las canciones, que llenaban hasta nuestra última vena de “Pan y Dolor”. Tema que continúo con el espectáculo, y uno de los favoritos para un servidor. Sí, quiero morir, en tus brazos, y oír mi aliento salir. Todo tiene su fin, pero ojalá el imperio soñado a crear junto a ti, dure eternos años de música y amor. Justo lo que Atavismo son: música, pasión y amor.

Crónica Atavismo + Fire Moon - Moby Dick, Madrid (20/10/2018)

Derretido, me abalancé sobre Ter, la agarré, bailé, y todo cambió. Comenzaba “Valdeinfierno” y sus sinuosos puntilleos de guitarra llevados en volandas por un bajo magnifico, como magnífica la ejecución de ésta, presagiaban un perfecto final de velada. Integrante momento para una actuación abrumadora, sobresaliente y especial. Imposible de imaginar, soñar, y casi, contar. Una sinergia entre sus cuatro músicos, pasmosa, deliciosa y para no parar de babear. Ahora, las palmas nos las pedían ellos de su boca, pero allí no se paraba de bailar y festejar la noche andalusí. Atavismo nos había hipnotizado y vaciado, solo éramos almas que nos sustentábamos de finos hilos atados de lo alto de nuestro barco aventurero. Pero también se nos cubrió de tristeza nuestro ser, pues con “Meeh”, último de los temas que allí sonó, nuestro viaje llegó a su fin. Con una batería que no dejaba de marcar el mismo ritmo segundo tras segundo, como si de la muerte se tratase, se nos enfiló para lo peor, nuestra sorpresa, que se nos lanzó como almas huecas al mar, pues todo tiene su final. Y muy tristes, pero llenos de amor, cada uno nadó hasta la orilla, para algún día, poder contar la experiencia vivida.

Bailó el agua. Bailaron las notas. Y bailaron hasta los seres queridos, ya perdidos, en un imperio que fue grande, pero tuvo su fin.


Reseña de Valdeinfierno

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