Bongripper – “Terminal” (2018)

Bongripper - Terminal (2018) - Reigns The Chaos

Valoración

8 Riffazos
8 Contundencia
8 Instrumentalización
8

En tu oscuridad los riffs son la luz, la percusión el aviso y la contundecia la salvación.

Cuarenta y tres minutos en dos únicas canciones componen el séptimo álbum de Bongripper. En concreto:”Slow“, 25:10, y “Death“, 18:15. Dos cortes que sirven para darle al seguidor de la banda la receta medica actualizada y proseguir con el tratamiento hasta nueva orden. Stoner/doom como base de todo y mandando los ritmos a medio timempo, lentos e hiperdensos, pero apareciendo el sludge suciete que tanto rasga la sesera. También es válido para oyentes desconocedores de este cuarteto de Chicago, reyes, o casi, de este cotarro musical -instrumental-, que vienen haciendo desde 2006, cuando editaran su primer trabajo, The Great Barrier Reffer.

Estos chicos, Ronald Petzke (bajo), Daniel O’Connor (batería), Nick Dellacroce (guitarra) y Dennis Pleckham (guitarra), tienen clarísimo que la cantidad en cuanto a temas debe llevar un trabajo, no es lo importante, o no va demasiado con ellos. Ellos se bastan con discos de dos, tres o una canción, salvo en el Hippie Killer y Hate Ashbury [reseña aquí], que se rompe con esta norma. Pocos temas y largas duraciones son su gran arma, armas, mejor dicho, que suenan, rechinan, machacan…, de manera impecable y magnanima. Un control en los tiempos, increíble, con subidas y bajadas dentro de cada pieza musical, que son obras maestras en sí.

Terminal, son riffs graves y profundos, lentitud instrumental que te golpea con cada acorde y baquetazo, y la muerte presente en cada minuto que pasa de estas dos bombas capaces de aniquilar fisica y mentalmente a cualquier atrevido que le de por este álbum. “Slow“, ya el propio título indica perfectamente qué se puede encontrar uno dentro, es una jodida sala de ritmos enfurecidos, constantes, ultra machacones, Daniel es un animal sin remordimientos, y también un espacio para presenciar cómo, de forma soberbia, se baja el tempo, se acarician las guitarras, y nuevamente, de forma progresiva, se enfurece todo para volver a la agresvidad que estos desprenden. Estupefacto puede quedarse uno.

Death“, con unos pocos minutos menos -y posiblemente la mejor vía para no desfallecer-, es la continuación y progresión de un trabajo notable, de una muestra suprema de cómo se ha de componer y ejecutar este tipo de música, bueno, cada banda lo hace a su manera, y esa es la riqueza de esto, y la evidencia de que Bongripper no tienen ni techo ni fin ni riffs que dejar vivir. Este segundo corte es todo lo contundente que la banda ha querido, es jugar con las guitarras, la distorsión y la opresión, sobre todo, cuando se llega a los siete minutos largos y nos ofrecen un divertido cargamento de misiles lanzados por unas cuerdas abrumadoras y un par de baquetas, y dos pies, que los alimenta el mismísimo diablo. Imponente ritmo cargado de mucha mala baba que cesa hasta chocar con otro acantilado de cadencia sísmica sonora y así llevarnos en volandas hasta su fin.

Dos temas, solo dos canciones, y en ellas hay tanto con lo que dislocarse el cuello, disfrutar, tomar notas, e, incluso, hasta momentos de  llegar a emocionarse.


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