Pissgrave – “Posthumous Humiliation” (2019)

Pissgrave - "Posthumous Humiliation" (2019)

Valoración

9 Demencial
9 Visceral
9 Persuasivo
9

Si en 2018 nos topamos con discos realmente anonadantes en cuanto a extremismo musical y visceral, bien por su oscuridad, densidad, fiereza, rapidez, contundencia, o, sensación de tener ante nosotros el cataclismo musical definitivo, este 2019, no ha podido empezar mejor, y ya lleva varios discos, que se unen a la definición anterior, e, incluso, les dan algunas más, como asfixia, demencial, ultra opresiva, infame y goremaníaca. Sí, así, perfectamente, se le puede denominar a ciertas bandas con sus nuevos trabajos o debuts. Increíblemente, se nos está acercando a un caos abominable, que, sinceramente, creo que se pensaba que jamás se podría visitar -o que quedaba muy lejos-, pero que encima, se está sobre pasando día tras día. Unos ingredientes musicales que arrancan en el death metal más depravado, vejatorio y áspero, o en el doom metal más depresivo, espeso y enloquecedor. El disco de hoy, toca lo primero, un death metal corrosivo, gore y devastador. El segundo álbum de Pissgrave (Philadelphia, EU), “Posthumous humiliation” (2019), son nueve temas que nos trasportan a este mundo que nombro, a un espacio sonoro incómodo, que, por ejemplo, también han creado Miscarriage con su Imminent horror (2019, Sentient Ruin Laboratories), reseña aquí, o Mylingar con su Döda Drömmar (2018), reseña aquí. Tres claros ejemplos de que las puertas del mal, están abiertas, y en ellas, nos vamos a encontrar la putrefacción hecha música, la descomposición mental, el idilio con notas musicales infernales, dolorosas, amargas y penetrantes. Ese escalón musical en el ámbito del género extremo, se acaba de dar y está aquí presente. Más pronto de lo esperado, pero bienvenido sea.

Este humillación póstuma, que tanto el nombre del álbum, artwork, como las piezas del interior, jamás podrían ir tan acordes entre sí (y significar tanto), es el último paso a una robusta muerte, donde la música en cada uno de sus temas, sirve para pinchar, penetrar y hurgar en aquellos lugares donde solo existe el sufrimiento. Cuarenta y dos minutos de perturbación sonora, de terror, de angustia y miseria metálica de dosis infecciosas, contributivas al mono y a locura suprema. “Euthanasia” abre el trabajo, y su velocidad de arranque y contundencia es tal, que el susto primero que uno se puede llevar, queda relegado por un infarto cardiovascular de forma ipso facta. Guitarras, bajo, voces y batería al máximo de sus posibilidades, o casi cerca de ellas, para ofrecernos un resultado eutanásico y literalmente abismal. Un disco que no levanta el pedal salvo en una ocasión o dos, pero solo para adentrarnos un poco más en la desdicha humana, convertir nuestras almas en pura degeneración, y entonces, alimentarse de ella. De una muerte rápida, repleta de sangre y saña, a una muerte donde se juega con los miembros y se ahonda en la desesperación del oyente. “Canticle of ripping flesh”, segundo corte, con poco más de cinco minutos de duración, es el vil ejemplo de una obra que quedará de forma póstuma para la historia de la música extrema. Severidad, desafío, velocidad y atrocidad sónica, donde las cuerdas de guitarra suenan descomunales, la percusión es una bomba martilleante, las voces de Demian Fenton y Tim Mellon son agónicas y asfixiantes, y un bajo, el de Brad, inventor de las migrañas. Se aprecian cambios de ritmo, pero todo dentro del mismo infierno, que valen para evaluar, dentro la acojonante apisonadora rítmica que son, que estos, no son bloques de piedra o robots programados.

Pissgrave - "Posthumous Humiliation" (2019)

Funeral inversion” o “Catacombs of putrid chambers”, son dos nuevos ejemplos de cómo la supremacía de la intensidad, la descomposición y la enajenación mental, quedan a merced de un guturalismo mayúsculo, de una rabia vocal abrumadora, de riffs incesantes, con un martilleo perjudicial para la salud, y una batería, con un doble bombo, y un baqueteo sobre la caja, que deja por el barro, cualquier atisbo de bomba nuclear. Sonidos catatónicos para una muerte inesperada. Sonoridades perfectas para ser tu diablo y tu dios una vez se yace bajo la tierra aplastada por Pissgrave y su mortal propuesta musical. Minutos armoniosos donde todo es enfermedad y depravación, y de la que difícilmente, si se sabe apreciar, se podrá escapar. Las catacumbas de lo pútrido, de lo perentorio, del descenso al óbito más húmedo e inmundo. Y el álbum no cesa en ser el trabajo más bruto del año o de lo que sus músicos hayan tenido en mente. No se para ni para dejarse mutilar. No se respira ni para dejarse avergonzar. “Into the deceased”, “Posthumous humiliation”, “Emaciated” y hasta el final, con un “Rusted wind” ciclópea, el segundo trabajo de estos cuatro chicos de la costa Este americana, tras su debut en 2015 con Suicide Euphoria, es desmesurado en cuanto a intenciones y fruto -podrido, eso sí-. Un disco que marcará otro antes y después, repito, en esa liga mundial de metal extremo actual. Un disco opresor, dominante de emociones y esclavizador de sensaciones. Una obra maestra de la persuasión sonora.


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