Dödsrit – “Spirit crusher” (2018)

Dödsrit - "Spirit Crusher" (2018) - Reigns The Chaos

Valoración

9.5 Composición
9 Fuerza
8 Instrumentalización
8.8

Dödsrit es el proyecto de un solo hombre, de un jovencete llamado Christoffer Öster, un sueco, que anteriormente, había pertenecido a Totem skin, y que, tras la disolución de ésta, fue cuando creó este proyecto, el cual ya tiene dos discos: Dödsrit (2017) y Spirit Crusher (2018). Le acompañan para los directos, y ensayos, evidentemente: Georgios (guitarra), Jelle (bajo) y BrendanDuffy (batería). Algunos de estos, también se dejan ver en bandas como Ghusa, Morvigor, Nuclear Devastation o Graverobber. Spirit Crusher fue editado el pasado 28 de septiembre de 2018 por Prosthetic Records, contiene cuatro temas que se meten en los tres cuartos de hora y son puro y duro black metal crujiente (nos metemos en el blackened avasallador), más un crust, rancio y potente, envuelto en capas y capas de pasajes de emotividad, locura, asfixia y reflexión. Se atisban también, momentos donde el post-black metal, hacen incursión para regalar al oyente, más registros musicales, si cabe, con los que poder disfrutar ancha y plácidamente de un disco asombrosamente bueno y muy recomendable.

El disco se abre con once largos minutos donde ya queda patente de qué va Dödsrit u Öster. Queda también, bien claro, que los oyentes de bandas tipo Wiegedood, Wolves in the throne room o Bosse-de-nage, por mencionar estas tres, tienen aquí un nuevo filón al que amarrarse de forma seria y no soltarse jamás. La fuerza de este álbum es descomunal. Su rabia, contundencia y parte emocional, otra parte vital para indagar y alucinar entre sus increíbles composiciones y elaboraciones a lo largo de sus minutos. Como decía, el primer tema, es el ejemplo claro de por dónde continuará el resto del trabajo. “Aura“, son guitarras afiladísimas, blast beats trepidantes y una voz desgarradora. Una duración que da para presenciar y disfrutar de momentos algo más sosegados también, acercándonos al post-black mencionado, o shogeaze, pero donde la instrumentalización y voz, siguen derritiendo los oídos, por muchas revoluciones que se baje en el tempo de la misma. Es un ir y venir de fuerza y exaltación. Es un espejo donde verse por dentro y observar cómo florece un nuevo embrión de esperanza y sonidos oscuros para la redención.

Con “Ändlösa ådror“, sucede exactamente lo mismo que con su predecesora, ritmos escandalosamente veloces y ásperos, para, después de ser lanzados al abismo de la crueldad sonora, cogernos y apaciguarnos con minutos donde las notas fluyen a otro ritmo y sentido. Se calma el estado, pero la mente sigue temblando por el sonido que retumba en la mente. Es una acumulación de riffs y sensaciones angustiosas, pero necesarias por su siniestra belleza. Diez minutos donde Christoffer grita hasta la extenuación, sacando todo el dolor desde lo más profundo de sus entrañas. Sus últimos tres minutos son el ejemplo de la visceralidad musical a la que somete al oyente: estridencia de guitarras y una atmosfera cargada de grises pasillos con un solo final. “A Drowning Voice“, tercer corte, es una continuación perfecta de la que ha sonado anteriormente. Misma carga y dosis de metal violento, rápido y descorazonador. Toda su epopeya gris, alcanza cotas altísimas en el tramo final, cuando se introduce un nuevo sendero por el que caminar junto a sonidos llenos de tenebrosidad reluciente y perseverante.

El álbum lo cierra el tema que da nombre a este segundo trabajo del sueco Óster. Algo más de quince minutos en los que, nuevamente, se sigue haciendo grande su nombre y posible legado en unos años. Ambiente frio, cuerdas tensas que gritan por escapar, una batería contundente que marca unos tiempos más que inolvidables, y, una voz, desgarradora, pero no con un solo registro, otorgándole más agonía a todo. En “Spirit Crusher” se pone la maquinaria en plan full, es decir, vemos y vamos, del black metal más anárquico al crust más tormentoso, pasando por bonitos espacios de ambient con dulces acordes de cuerdas y una percusión más cálida y sombría -se puede definir como post-black-. Su creador, con la voz sigue por los mismos derroteros, pero es tan necesario ver cómo sangran las cuerdas vocales, que no puede ser de otra manera. Final apoteósico y catártico. Final totalmente esperanzador para una música, que algunas bandas repiten hasta conseguir que uno se fatigue sin encontrar nada nuevo. Y Spirit crusher, canción y álbum, es satisfacción emocional absoluta.

Crudeza que allana el camino oscuro de pensamientos impuros. Black metal fiero, sentimientos que florecen y ambientes grises de humedad sonora y calidad magnánima.


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