The Myrrors – “Arena negra” (2015)

Hace poco sucumbía y quedaba noqueado con el “Out To sea” (2015), de Carlton Melton. Un disco donde la psicodelia, el space y guitarras infinitas martilleando el aire, hablaban, cantaban y hacían de transporte al más allá de cualquier barrera cerebral. Conseguían sobrepasar el límite de creación e invención de uno mismo. Ahora, The Myrros, banda de Tucson –formados en Phoneix–, Arizona, con su segundo trabajo, el primero con el sello Beyond beyond is beyond (Brooklyn), recoge el cuerpo que quedó inerte y vacío de riego sanguíneo, del lugar donde Carlton Melton lo aparcara, para traerte de vuelta. ¿Pero de vuelta a dónde? Lo que queda clarísimo, es que no es a cualquier sitio de este planeta conocido o como venimos conociéndolo. Después de unos alucinantes, psicotrópicos y bellos cuarenta minutos de rock progresivo, cargado de experimentación y atmosferas, de factura impecable, se saca medio en claro, que ni es la sala de las jam sessions preparado para tal fin ni el propio desierto de Arizona ni la sala abarrotada de medicamentos que te harán alucinar. El viaje de The Myrros es al lugar por el que muchas veces se pregunta, pero al que nunca se ha entrado.

Arena negra está compuesto por cuatro temas salvajemente alucinógenos y mágicos. Envolventes hasta desistir en una lucha que se tiene perdida desde que se comienza a escuchar el disco, pero que se desconoce por completo. Su música te recorrerá de arriba abajo introduciéndote flujo eléctrico, tierra y desequilibrio corporal. “Arena negra”, de once minutos, es el comienzo del viaje. Un viaje sin precedentes, no registrado anteriormente en ninguna base de datos musical. Una odisea musical. Un órdago a géneros musicales como los anteriormente mencionados. El segundo de los cortes, “Juanito Laguna”, es la ayuda a la aclimatación para este nuevo espacio (terreno) en el que se nos ha metido –y vemos sometidos–. A sus tranquilas notas, se le añade el susurro de voces que claman calma e inmovilidad. Cuatro minutos para contactar con el Dios del desierto, reptando como la mismísima serpiente de Jim Morrison. La tercera canción, “Dome home music”, con la que se querrá salir del letargo inmóvil que ha producido su predecesora, insuflará fuzz de imponente fuerza para hacernos bailar al son de una crecida instrumental incomparable e incomiable. Y para finalizar y terminar de gozar de un disco enorme, el cuarto de los temas, el más largo, el que se mete casi en los veintiún minutos y acaba por destrozar la mente. “The Forward Path”, se presenta como el fin del viaje, pero no sin antes mostrar su descomunal despliegue musical que crece sin para hasta dejar a uno estupefacto y maravillado. Su preciosos veinte minutos son el mejor y mayor ejemplo de que estos tipos de Arizona, saben de música y conocen a la perfección cómo hacer olvidar todo lo demás.

Un disco que se necesita escuchar más que leer cualquier reseña sobre él. Un trabajo que deja sin palabras. Un álbum para mimar y saborear ciento de veces. The Myrrors sacan de nuestro propio interior todo aquello que cuesta exteriorizar, engalanado de tal manera, que apenas podrá ridiculizar. Arena negra es otra pequeña obra maestra de la música que de vez en cuando se encuentra inesperadamente.

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