The Osedax – “Meridians” (2020)

The Osedax - "Meridians" (2020)

Valorazión

8 Fuerza
8 Calidad
8 Atmósfera
8

Uno de los discos que más me están gustando este año es sin duda alguna el tercer largo de los chicos de McLena, Virginia, The Osedax. Un álbum de cuatro temas y tres cuartos de hora donde se puede alucinar y viajar sin límites con un Meridians construido a la perfección para ello. Su mezcla de post-doom-sludge-atmosférico es exquisita, asombrosa, oscura, húmeda, de inclinación hacia el infierno -o al lugar donde quieras que se te lleve-, y no solamente por el clímax brutal que consiguen de forma general con el disco, sino por momentos en los que sus ritmos constantes de velocidad casi controlada, se vuelven para el radar del tímpano, algo más acelerados. Se crea una sensación generalizada en todo el álbum, que no deja de sorprender escucha tras escucha una y otra vez. Es una puta pasada. Una gozada con todas sus letras.

El trabajo se abre con “Offen”, once minutos de despegue sensorial único. La baba, la que saldrá de tu boca sin que te cosques de ello, flotará a tu alrededor como si de estrellas o nuevos cosmos se tratasen, mientras no dejas de mirar a un horizonte negro, lejano e incierto. La atmósfera que consiguen crear no es ni medio normal. Sobrecogedora e impactante, más unas voces, resaltarlas es vital, de Horn y Coldwell, que terminan de rematar algo tan grande como este universo en el que andamos suspendidos. Agonía, dolor, emoción, desgarramiento de los sentidos… Todo en una.

Después viene el tema más largo de todos, un “Beacon / Ox eye” de catorce minutos donde se sigue la estela de la apertura, introduciéndole, nada más comenzar, unas finas líneas de belleza espacial. Una armonía con la que perderse y deleitarse hasta quedar atrapado en ella. Después de sus primeros cuatro minutos, acuérdense de aquella velocidad comentada arriba, meten de golpe varias marchas y todo se vuelve locura y desconcierto. Se pone el trío en plan destructor y toda la belleza comentada, es ahora una masa de ritmos endemoniados, ásperos y desconcertantes, pero sin perder en ningún momento la absoluta y maravillosa atmósfera en la que se te introduce nada más comenzar. No sales de ahí ni queriendo. ¡Asombroso! Después, cuando pisan un poco el freno para bajar un poco esas revoluciones, se pasan a la contundencia con unos medios tiempos sencillamente abismales, siderales…

Tras sufrir un crujido neuronal, es la hora de “White Horse / Tempest”, el segundo corte más largo del trabajo y otra pieza con la que divagar sin rumbo por un espacio de solemne belleza negra con los únicos destellos de luz existentes creados por The Osedax. Como si de una marcha fúnebre se tratase, como las últimas notas musicales antes del obituario fuesen, como la pasarela de la nave al incierto mundo descubierto allá donde Meridians quiera, o hayas dejado, que te lleve. Así, hasta una vez más, la cruda y dura realidad donde estos chicos vuelven a mostrar su lado más duro, visceral y contundente, regalándole a los sentidos nuevas pautas para convivir en este nuevo espacio sonoro descubierto.

El trabajo se cierra con “Ratlines”, siete minutos, el más corto de todo el trabajo, donde la extraña sensación de desasosiego, felicidad, miedo, consternación, alucine, relajación…, se mueven todos en un mismo sentido para hacerte ver o entender, si hasta este mismo momento todo te ha parecido digno de seguir, que Meridians no es un trabajo más. Que este viaje a fronteras de sonidos con los que experimentar nuevas costumbres neuronales, pueda quedar en tu interior para siempre.


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