Carlton Melton – “Out to sea” (2015)

carltonmeltonpordata

[Psychedelic/Rock/Space]

Sin referencia alguna, aventurándome a ver quiénes eran y cómo sonaban, me encuentro con un discazo de cotas muy altas. Sorprendido a escasos minutos de su primera escucha y ruborizado por desconocerlos –y seguir descolocándome el disco– según le hincaba el diente. ¡Y así, oída tras oída! ¡Algo jodidamente bueno! Un álbum que te abre más aún las dimensiones de lo desconocido. Amarrado al bote con el que nos disponemos a viajar, las vistas y sensaciones son de otro degustar.

Out to sea es un viaje en bote por las aguas de la portada del mismo. Un trayecto de largas horas, de apabullante placer y de un éxtasis emocional que cuerpo y mente, pocas veces experimentará. Para cuando se baje del bote, salte de él o dejemos hundirnos junto a él –libre elección–, la percepción de la vida, de la naturaleza, de lo escuchado y de uno mismo, ya no será igual. Carlton Melton han construido en su quinto álbum una auténtica mole musical de psicodélica, rock, space y guitarras en bloque como el mejor drone. Guitarras, unas preciosas guitarras, que igual rozan la suavidad extrema, que machacan el coco. Álbum con el que la cordura puede llegar a perderse, pero que son la razón por la que vivir y disfrutar de ello. Su atmósfera, grande como el universo, nos cubre de magia, agua provista de alucinógenos y de la brisa que no sólo despeina, sino que ofrece el aire que jamás se podrá inhalar. Dejar de navegar en este viaje, sería no intentar ver lo que hay más allá, no abrir la puerta a gustos musicales más amplios, no sentir el agua salpicar sobre el rostro, cubriéndonos esta, con las únicas gotas de agua que en algún momento podrán hacernos despertar. La libertad que este disco causa, con sus más de setenta minutos, en el oyente, son el camino perfecto para que el desorden mental se pueda llegar a calibrar, o por lo contrario, a desestabilizar para siempre. Out to sea ayuda a cruzar la frontera, o barrera, del clímax que se consigue cuando sedado, disfrutas de lo nunca experimentado.

Once temas instrumentales que derrochan calidad, maestría y conocimiento de que una vez escuchado, ya nada será lo mismo. Desde “Peacking Duck”, que abre el disco, donde la improvisación o jam sessions, con adornos cósmicos, es su principal arma. Continuando con “Out to sea”, casi el epicentro del trabajo y, causante del movimiento sísmico que sus ‘7:29’ minutos de duración, causan, debido a su constancia en buscar con las guitarras distorsiones que llevan más allá de Marte. Pasando por “The Barrier”, cuando a uno la sensación de espacio/tiempo ya no le preocupa, descubre otra barbaridad sonora -perfecta para cualquier film de Sci-fi-, capaz de taladrar de arriba abajo, tantos anillos solares como se le presenten. Sin duda, sus ’10:20’ minutos, son la culminación, que no final, de un maremoto psicodélico abrumador. Y hasta llegar al final, cerrando el disco, que nos encontramos con “Realms”. Un tema que después de tanto navegar, hace que nos sumerjamos bajo el agua que se ha presidido durante tantos minutos, para, únicamente, hacernos ahogar entre la oscuridad de un destino no escrito, pero lleno de belleza, mucha belleza.

Un disco enorme de principio a fin. Una maravilla absoluta y digna de difundir hasta convertirse en mero polvo marciano. Una obra maestra que estaba esperando ser escuchada.

 

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