Moloch – “A bad place” (2018)

Moloch - "A bad place" (2018)

Valoración

9 Ásperidad
9 Rotundidad
9 Enfermedad
9

Sufrimiento y desesperación

Harrry, Henry, Steve y Chris. Bajo, batería, guitarra y cantante. Sludge, doom, asperidad y rotundidad. De Nottingham, Reino Unido, viene este cuarteto con su segundo álbum bajo las axilas. Tras once años de carrera, con un primer LP llamado Possession (2011), montón de splits, una demo, un EP y una compilación, ahora, en 2018 concretamente, editan su segundo largo titulado A bad place a través de Feast of Tentacles. Álbum de seis temas nada más, pero que se mete en los tres cuartos de hora sin apenas sudar. Sudar se suda, y bien, cuando se le da una primera, segunda, tercera y bastantes más escuchas, y encuentras todo un desafío psicológico. Un zarpazo seco, penetrante y jodidamente enfermo. Esa es la música, evidentemente, que Moloch se gastan en su bonito disco. Dos estilos, el sludge y el doom, que los ponen a prueba, y de vuelta y media, con títulos como “Deadweight” o “Bad gift”, por citar solamente dos. Las vergüenzas se olvidan y sale a relucir un potentísimo álbum cargado de angustia y dolor. Claro ejemplo de ello, es la portada, haciendo referencia a aquella angustia personal de Michael Fassbender en Shame (2011), de Steve McQueen.

A bad place, se caracteriza de principio a fin, por ser un viaje al culmen de la desesperación, de la ansiedad, del dolor íntimo y personal. De conducir hasta el fondo del problema, de luchar contra él, sirviéndote de unas rudas cuerdas, una percusión martilleante, y, por supuesto, de una voz, que es la angustia de nuestro ser. Se puede sentir perfectamente el dolor de las notas y letras, cuando suena el cuarto corte, “Concrete and Pain”, momento de casi ocho minutos de auténtico desencanto con la vida. De un fidedigno y único placer por el sufrimiento y el pesimismo. De sonidos secos, pesadísimos, lentos e infernales. ¡De dolor!, no hay otra. Y así ocurre, como he dicho, en toda su duración, porque no se baja el pistón, porque la agonía, una vez que se apodera de la mente, va a hasta sus máximas consecuencias, y no son otras, que joder de sobremanera, con un álbum para gente que, si no es amante de esto, puede necesitarlo después de degustar la enfermiza atmósfera sonora que Moloch consigue crear (o no volver a ser lo feliz que uno pudiera ser).

Se podrá soltar todo el mal rollismo de dentro, pero hay posibilidades de quedar atrapado por la pasión del sufrimiento y la opresión de una psicosis musical. Un trabajo totalmente recomendable para personas hechas a estilos musicales de cotas altas en esquizofrenia lírica y rítmica.


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Sello discográfico

Feast of Tentacles

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