Mizmor – “Yodh” (2016)

Valoraciones

9 Crudeza
9 Emoción
9 Transcendental
9 Potencia
9

Este proyecto, como ya escribí en su momento con el debut homónimo (Mizmor, 2012), es la biblia sonora extrapolada a nuestros tiempos. Un documento musical en el que únicamente existe dolor, depresión y sufrimiento. La biblia de la pena, de la perturbación sonora, de la esquizofrenia diabólica y del metal extremo acorde a nuestros días de lucha y agotamiento. Un álbum, de agonizante escucha, de increíble resultado y de magnánima elaboración a lo largo de sus cinco cortes. Eso es Yodh, el segundo larga duración de מזמור (Mizmor): black metal y doom, esclavo de nuestras acciones y por ende, la nueva sabia musical del siglo XXI. Con este nuevo álbum y después de muchos splits, y otro de tipo de proyectos, A.L.N, iniciales del único creador de todo esto, consigue que la nueva vertiente de la música extrema, se lance definitivamente a ocupar el lugar que le corresponde.

Yodh, trastoca las percepciones sensoriales, dañando así, las estimulaciones nerviosas. Hace que nos sumerjamos en una profunda tristeza, experimentada por el trastorno mental al que se es sometido. Y se sufre emocional e, incluso, físicamente. Y es que, durante sus más de sesenta minutos, todas las pistas sobrepasan los diez minutos, Yodh empuja a una exploración conceptual épica entre el ser humano y la naturaleza. A buscar –y encontrar-, el límite entre la supervivencia y la muerte. A amar este disco por su asperidad y tortura o a acabar por retirarse, porque uno no aguante, la bella angustia que hay dentro de él. Entiéndase, que hay público que necesita este tipo de música para subsistir y encontrar la razón de por qué seguir hacia delante.

El disco se abre con trece minutos que responden bajo el nombre de “i. Woe Regains My Substance”. Desde su comienzo, la respuesta al calvario existencial del que he hablado, queda muy patente. Gritos poseídos, una voz tormentosa –mucha rabia vocal-, como si estuviese cantando la misma máscara del álbum, e impetuosidad y velocidad musical para abrir el infierno, con un solo chasquido de dedos. ¡Abrumador! A lo largo de su hermosa extensión, aparte de lo mencionado, se encuentra también un atmósfera capaz de cubrirte de un gris/negro, más sofocante que la inmersión a la muerte. Tras esto, y de forma majestuosa, vienen unos punteos de guitarra bellos como el nacer dentro de la oscura nada. Hablo del segundo corte, “ii. A Semblance Waning”, una absoluta y desquiciante maravilla. Tras esas limpias notas, se acerca lo mejor, es decir, la debacle y caída en picado de nuestra propia vida. Dos palabras solamente para definir esta canción: esquizofrenia y encanto. ¿Pero cómo pueden dos adjetivos tan opuestos ser la base de una composición? ¡Escuchen y disfruten! Esto solo acaba de comenzar. Se vacía la mente de palabras cuando las notas entran por tus oídos. Perplejidad y rigidez sin poder hacer ninguna otra cosa, salvo escuchar. ¡Impresionante!

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Con la premisa de sus dos primeros cortes, se llega al que creo que es el mejor tema de todos, por destacar uno por encima de los demás. Pero quiero dejar claro, que todos son muy sobresalientes. “iii. The Serpent Eats its Tail”, con una introducción calmada, pero llena de opresión, nos encontramos con el corte más largo del disco (catorce minutos y cuarenta segundos), con la palabra agonía tildando todas y cada una de las notas y, con la desesperación de vernos morir y no poder hacer nada ante ello. Es pura enfermedad, pura melancolía y pura eclosión de música transcendental. Aquí no hay ritmos rápidos, todo es lento, pesado y dañino psicológicamente. Esa mezcla que Mizmor utiliza entre el black y el doom para sus dos primeras canciones -de ritmos lentos a rápidos y vertiginosos o viceversa-, en ésta, lo deja todo a un sólo soplo, a una sola vertiente: doom ultra denso, donde la batería llega hasta la vena aorta para aplastarla, la guitarra se convierte en una hacha del medievo, y la voz, una voz, ¡madre de mi vida!, que no se sabe ni de dónde procede. ¡Obra de arte! Pero para seguir ahogándose más aún en este disco, tan subliminal y lleno altas dosis enfermizas, se cae en el cuarto de los temas, “iv. Inertia, an III Compeller”. Aquí, continúa lo realizado en su tema predecesor, prosiguiendo la marcha hacia el caos total, hacia la explosión mental y el desequilibrio corporal. Más densidad, más crudeza en la voz, más instrumentos machacándolo todo, ritmos lentos y un intento por sobrevivir. Un respiro, que no se da, para evaluar la lucha entre el ser humano y la naturaleza. Un intento por respirar -sin dejarnos- aire limpio carente de penas y angustia. Otro tema que lanza a Yodh a convertirse en lo mejor del año sin lugar a dudas.

Y con este estado mental, se llega a su final, a otros más de diez minutos de tristeza desesperante y agonizante. “v. Bask in the Lingering”, empieza tan sumamente abajo en lo que se puede entender como estado anímico –y en lo musical, obviamente-, que se es incapaz, tan siquiera, de levantarse y abrir los ojos, cuando el ritmo, aquí de nuevo vuelve al black veloz e infernal, se muta por un nuevo y apocalíptico orden musical. Pero como dice la canción, disfrutemos prolongadamente sin miramientos hacia nada más. Deleitémonos sufriendo con un disco descomunal, jodidamente maravilloso y desmesurado.

Un álbum que ayuda a hundirse dentro de uno mismo y a encontrar la verdadera razón de por qué, se disfruta con la búsqueda incesante de música, que deja marcas internas y externas en el cuerpo y mente. Una absoluta e increíble obra de arte musical. Poder, fuerza y sentimiento. Aflicción, amargura y padecimiento. Vida y muerte en un solo momento. Yodh, es la puerta a todas las respuestas de nuestra vida.

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