Melmak – “Prehistorical” (2016)

Valoraciones

8 Rabia
7 Potencia
7 Crudeza
8 Suciedad sonora
7.5

La suciedad -sonora- y rabia en un trabajo musical, puede mostrarse de muchas maneras y funcionar bien, mal, regular, de puta madre o quedar en nada. La mala baba llevada a géneros como el Doom o el Sludge, porque estos son los estilos que “maltratan” los vascos Melmak, hay que saber prepararla y ejecutarla. Su forma de entender estos estilos -sus gustos- musicales, para luego, impregnarlos con su marca tan personal como la que tienen, y que el resultado de lo realizado, sea el que es, no es nada fácil. Dos tipos, una guitarra, una batería, y un único fin: triturar sendos instrumentos a base de contundencia y muchísima ira musical. A esto, hay que sumarle la voz jodidamente enferma y desgarradora de uno de ellos, para así, acabar resumiendo, la que es la seña más identificativa, evaluable y conocida por parte de esta banda. Y para ello, Melmak, no se andan con tonterías, demostrándolo muy bien en la carta de presentación de su nuevo trabajo. Hablo de la apertura del disco con “Pangea”, en la que intentan -y lo consiguen- acojonar al intrépido oyente con una música cavernaria, prehistórica y aplastante, capaz nuevamente, de mover los continentes hasta unirlos todos en uno.

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Tras un último trabajo todavía reciente, el magnifico EP llamado Pig Songs (2015), lanzan ahora el que es su segundo larga duración, Prehistorical. Un trabajo compuesto por siete cortes y una duración de poco más de treinta minutos, donde, como he mencionado arriba, está repleto de sonidos llenos de furia y mugrientas notas musicales que, lo único que consiguen, es poner de mala hostia al que se atreva a hincarles el diente. Sus primeros tres minutos y pico son la rehostia sin bendecir, porque su sonido, como el insinuante susurro de Jonan, dan hasta miedo. Un comienzo que parece engañoso -pero no-, que es estimulante y también testigo ejecutor de todo lo que está por llegar. Del supercontinente con “Pangea”, nos vamos a los primeros habitantes del mismo, pero con “Primitive”. Es el tema más largo del álbum y su pesadez, ranciedad y atmosfera asfixiante, son incuestionables, intratables y encomiables. No te deja ni un solo segundo de aire que respirar, ya que su comienzo y final, las partes más lentas, pero densas, son las más demoledoras. Sobrevivido a esto, nos damos de bruces con “The Cavern” -¿ven cómo todo lleva un sentido?, el que no ha tenido este planeta-. El tercer corte es eso mismo, un corte vertical desde los sesos hasta donde termina nuestro aparato reproductor, quedándose uno en dos piezas inservibles. Cuatro minutos y medio -casi- de auténtica locura y desesperación sonora. No lo diré muy alto, pero posiblemente, con este tema, allá donde lo toquen, no dejen nada más que un solar de lágrimas y tristeza por la fuerza del mismo. ¡Tremendo, cojones!

Y una vez superada la barrera de los tres primeros temas, intentando ser la misma persona que cuando se comenzó a escuchar este trabajo, llegamos a una laguna llamada “Megalodon”. Un piano y oscuros sonidos que no cesan en seguir metiendo miedo dentro de uno. Este “mentiroso” descanso, es la puerta para la recta final del álbum. Ahí esperan ansiosas de tímpanos por destrozar: “Bonfire“, “Death Struggle” y “Aegnap” –no voy a dar pistas, pero fijaos en el nombre-. Los más de tres minutos y medio del quinto corte, “Bonfire”, parecen como si recogieran los resultados de la predecesora, con un ardiente sonido del mismísimo fuego y unos redobles que auguran lo peor. Y así es, cuando ceden esos redobles, viene la tormenta “Melmak”, machacando primero, acelerando después, hasta escupir toda la puta maldad pegada a nuestros intestinos. Rozando el final, nos topamos con “Death Struggle”. Aquí hay más salvajismo, continúa la misma agonía por acabar con todo. Una rabia dolorosamente guardada durante mucho tiempo en el interior de estos hermanos que, ahora, tras mucha lucha, consiguen sacarla y de qué manera. Jonan lo da todo con su voz y guitarra, e Igor, baja hasta el infierno cavernario aporreando su batería. Así, de esta forma, se llega a un final angustioso, donde la música de este dúo, aparte de áspera y matadora psicológicamente, demuestra ser un gran ejemplo de composiciones perturbadoras, trabajadas y dignas de alabar.

Pueden gustar más o menos, cada uno es libre, pero lo que es irrefutable, es la calidad, potencia, garra y ganas de compartir con todos, sus sentimientos ancestrales hechos música extrema.

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Sellos

(Barraks Promotion, Nooirax Producciones, La Choza De Doe y Violence In The Veins)

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