Crónica: Slayer + Angelus Apatrida – Sala Riviera, Madrid (2/06/17)

Slayer: Fire Walk with Me

Ha sido la segunda vez que he podido ver a mis queridos y adorados Slayer. Sé que igual son poquitas, pero así es la vida. Seguiré asesinando mientras pueda por tal de verlos. Mi primera vez fue en el Sonisphere de Getafe de 2010, en el que disfruté y me emocioné muchísimo, pero me quedo con la actuación de la Riviera: cercanía, sonido, ‘menos agobio’, más centrado… Este viaje ha sido la tercera vez que pisaba la Sala Riviera, y, por supuesto, la vez que más llena la he visto, hasta los topes, vamos. Un concierto de hora y cuarto, minuto arriba, minuto abajo, que empezó fuerte, se supo mantener y acabó de forma salvaje.

Los teloneros fueron los albaceteños Angelus Apatrida, que, sin ser de mi gusto, sí que ofrecieron un aperitivo bastante cañero y sabroso, dejando a muchos de los allí presentes, bien felices. Calentaron bastante el ambiente para todo el mal que se acercaba. Para el mar de matar a base de riffs, gritos que cortan el aire y baquetazos que hunden almas. Porque como he dicho anteriormente, el directo de Slayer, y con solo dos actuaciones vistas por mi parte, fue bastante poderoso, agresivo y con un sonido excelente. Sí que me hubiera gustado escuchar temas como “killing Fields”, “Fictional Reality” o “Divine Intervention”, de su Divine Intervention, ya que fue con este disco con el que comencé a adentrarme en su mundo y en el Thrash metal, pero bueno, el setlist que nos ofrecieron, en concreto este: “Repentless”, “The Antichrist”, “Disciple”, “Postmortem”, “Hallowed Point”, “War Ensemble”, “When the Stillness Comes”, “You Again You”, “Mandatory Suicide”, “Fight Till Death”, “Dead Skin Mask”, “Hate Worldwide”, “Pride in Prejudice”, “Take Control”, “Seasons in the Abyss”, “Born of Fire”, “South of Heaven”, “Raining Blood”, “Black Magic” y “Angel of Death”, fue notabilísimo y sin nada, salvo alguna preferencia, que objetar.

Personalmente, tras el concierto, las sensaciones superaron las ganas y expectativas que tenía puestas sobre este directo. Desde Tom Araya, que sí que es verdad, que no grita como hace años, pero quien quiera, que haga lo que hace este señor a sus 56 años, demostrando ser un jodido líder y tenernos siempre a sus pies, pasando por el animal de Kerry King, que es eso, un animal y todo un show verlo sobre el escenario, cortando sueños, respiraciones y el sudor que por allí saltaba. Hasta Gary Holt, sustituto finalmente del tristemente fallecido Jeff Hanneman, a la guitarra, enseñando que no está ahí de casualidad, ofreciendo un auténtico espectáculo en la esquina donde se colocó. O, por último, pero no menos importante, el animal que está sentado tras la batería y que en ningún momento bajó el piñón, para certificar que está al mismo nivel, o superior, que Dave Lombardo -cada uno ya-. Paul Bostaph, no dejó de pegar y machar con sus baquetas su rico instrumento, poniendo en vilo la vida de la sala y de toda Madrid. En serio, impresionante como le pega y pegó durante todo el show. ¡Escandaloso!

Lo dije en la redes al día siguiente, cuando recuperé algo de fuerza en los dedos y la mente volvía a su sitio, estos tipos están en un nivel muy superior al resto de bandas. Su edad, estilo musical y fiereza, nadie lo supera. Para mí, un conciertazo con un tramo final que se me quedará grabando a fuego para siempre. Temas emblemáticos que hicieron que la sala se volviera un campo de rugby, literalmente, y se viera y se sintiera, lo que de verdad son estos Reyes. Los verdaderos Reyes del Thrash metal.


Fotos: David López

Video y edición: David López

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