Crónica: PYLAR + Hermanos Peláez (3/06/17). La Faena II, Madrid.

De la calma a la tormenta. Del ritual chirriante a la paz caminante. Del canto de la vida a la muerte percibida.

De una punta a la otra de Madrid. Metro, tiempo y pensativo, como una ley que no se debe dejar podrir. La Faena II. Un bajo. Un espacio convertido para el underground musical. Hermanos Peláez y Pylar. Sintetizadores, sonoridades cósmicas, notas alucinógenas y melodías que tras dominarte, son capaz de lanzarte a otro espacio (Hermanos Peláez). O, el viaje de vuestra vida asistiendo a un concierto, que ni imaginando lo que se podría ver, se llega, tan siquiera, a la cuenta atrás de dicho experimento musical (Pylar).

Llegué a dicha sala, sin antes meterme en un bar para preguntar por La Faena, o llamar a un sitio, de donde salía una ‘deliciosa’ olor con acento extranjero. A golpes quise entrar, ya sonaban los hermanos, ya salían por las ventanas los destellos rojos y verdes de la luz que desprendían, ya rebotaban por los poros de la pared, la atmósfera de estos dos chicos y sus teclados. Me coloqué donde pude y disfruté el tiempo que pude. Enigmas musicales para forjarse la cabeza de ritmos, que te llevan, sin mucho esfuerzo, a todos aquellos lugares a los que viajarías en el más dulce y loco sueño de tu ácida vida. Un aperitivo perfecto para lo que vendría después. Una lanzadera sin retorno, en la que Pylar, nos pasaría por el lado derecho y nos dejarían muy atrás.

La actuación de Pylar, que duró lo que dura Pyedra, –pero bien podría haber durado los diecinueve días…, aunque asumiendo las consecuencias-, porque este fue el que tocaron de principio a fin, fue, como he dicho, lo más diferente, enigmático, extraño y notable, que he visto en tiempo. Decir impresionante, igual basta, que igual no. Pero decir que no hay otra banda sobre el escenario como estos, sí que me aventuro a firmarlo. Contar lo que vi la noche del 3 de junio, en La Faena II, gracias al misterioso proyecto que forman estos chicos, tampoco se cuenta en varios renglones de texto. Bueno, pero yo, me dejé llevar. Dejé que mis ojos se movieran a su antojo, dejé que mis extremidades se movieran según quisieron. Dejé que mis sentidos, hiciesen lo que hicieron. Percibía todas y cada una de las notas, pasaban por encima de mí todos los susurros y cánticos del que parecía ser el comunicador principal de la banda. Pegaban contra mí, los baquetazos del batería, los contundentes guitarrazos del hombre de negro, mis tímpanos se retorcían con los sonidos provenientes del violín, y, me ensanchaba la cara, el sonido de la tuba -creo que es una tuba, pero no a ciencia cierta o técnicamente- que percibía desde mi derecha. Todo eso junto, en un espacio pequeño, pero acogedor, pegados a ellos -me comía el bastón del dios todopoderoso-, se convirtió en tal masa sonora, que fue capaz de envolver, arrollar y dejar perplejo mi pobre corazón y mente castigada.

El concierto de Pylar, para mí, dentro del estado al que nos hicieron pasar, o formar parte, fue creciendo sin parar, tanto en complejidad, como en espectacularidad. De la calma a la tormenta. Del ritual chirriante a la paz caminante. Del canto de la vida a la muerte percibida. Una puesta en escena llena de fiereza, maestría y contundencia. Unos Pylar sobre las tablas, aptos para dejarnos sin razón y para absorbernos sin ninguna condición de por medio.


Enlaces

Hermanos Peláez          PYLAR

Escrito por
Más sobre David López

Astral Rebirth – The Axis Of The Utter Black Ocean [Demo] (2011)

Descripción Black metal atmosférico procedente de Mexico. Una demo de veinte y...
Leer más

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Seguridad * Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.