Body Void – “I live inside a burning house” (2018)

Body Void - I live inside a burning house (2018) - Reigns The Chaos
Y la vida la encontró donde más caos había. Y consiguió lidiar con sus miedos escuchando la arisca música que él vivía.

Valoración

9.5 Crudeza
9.5 Potencia
9.5 Pesadez
9.5

Pesadez y crudeza

El disco, probablemente el disco del año para un servidor, es éste del que hoy os voy a hablar un poquito. Quien ya me conozca, sabrá lo que se cuece con mayor asiduidad por esta web, y habrá visto que el doom más denso y pesado -el que te hacer enfermar-, junto al sludge más áspero y bestia, -el que te hace caer-, más el black metal más anárquico y visceral, -el que te deja sin identidad-, es lo que más gusta aquí. Un ejemplo claro, el brutal The Space Between Your Teeth, de Keeper (reseña aquí). Y con esto no quiero desmerecer ningún otro estilo o banda de las que aquí suelen aparecer, que por algo salen, pero esto, para mí, es la sangre que corre por mis venas. Sangre y reconciliación con mi cabeza. Amor, rabia y destrucción. Porque la salvajada que el trio de San Francisco se han marcado, es un punto y aparte, con bastantes espacios, en los que escribir un testimonio a fuego lento y de forma única. I live inside a burning house tiene todos los elementos que yo suelo buscar, la sustancia que me hace despertar, levantarme, caer y resucitar. Metal extremo con todas su letras. Metal enfermo que revitaliza.

Cinco temas, su anterior álbum, Ruins, constaba de cuatro y era la primera y seria prueba de que estos tres chicos sabían muy bien lo que hacían. Otro porrazo en la sien que te deja conmocionado varias horas, incluso días. Sí, solo dos discos: Ruins (2016) y I live inside a burning house, de (2018). Cómo decía, cinco canciones que consiguen superar la hora y cinco de duración y en los que, sobre todo, nos encontramos música áspera, rancia, cruda, dura, pesada y malsana. Varios atisbos más veloces que nos pueden llevar al black, crust o punk, pero que terminan por desembocar en la depresión oscura y amarga de Body Void. Contundencia sin cura. La violencia musical vistiéndose de dulce y bella señora. Body Void suministran la suficiente energía positiva o negativa, eso ya está en cada uno, como para poder continuar viviendo en plena armonía en esta dura vida que nos ha tocado diseñar.

El disco tiene tres pieza claves: “Haunted”, “Trauma Creature” y “Given”. Estas son las que llenan, hinchan y hacen explotar esta animalada de creación. “Haunted”, que comienza con un retumbar de batería, el cual ya te succiona hacia ellos rápidamente, más una atmósfera asfixiante y opresora, que nos acompañará todo el álbum, es la más clara evidencia de una fuerza descomunal en cada una de las notas musicales de la banda. A esto, sumémosle la quebrada y rabiosa voz de Will Ryan (y guitarra de Body Void). Casi diecinueve minutos de agonía y colapso rítmico, que sube en intensidad y dolor por momentos, para también bajar un poco el pistón y colocarse en parámetros donde no hay más fondo ni más aflicción que sufrir. Sus ritmos lo son todo. Sus medios tiempos ultra machacones y desquiciantes, la joya perdida de una música hecha para oídos muy diferentes.

“Trauma Creature”, corte que pasa de los quince minutos, es otra desafiante pieza que te amenaza nada más comenzar con unas cuerdas salidas de cualquier guerra nuclear de un pasado mejor, respaldadas por Eddy Holgerson (batería), de forma sublime. Aquí continua la misma fiereza y contundencia, la misma perturbación y ansiedad de intentar seguir hacia delante. Descomunal el aplastamiento de instrumentos y visceral la contracción de músculos y órganos por parte del oyente. Un trauma, un jodido trauma te crea esta canción en tu vida. Pero un sufrimiento añorado y necesitado para subsistir. Y por último, “Given”, el corte más largo, pasa los veintiún minutos -esto ya es meterse en un fango densísimo-, y es, como antes decía, una clara evidencia, pues la confirmación de que Body Void son para tener muy en cuenta por méritos propios. Pura y auténtica densidad y pesadez, riffs que se mantienen para crujirte los sesos minuto tras minuto, baquetazos de mucho peso, marcando el camino hacia el vacío, y unas cuerdas, pero las vocales esta vez, llenas de irritación, de cólera, de cómo abrir un cuerpo en dos, introducirte en él, y en él desaparecer.

Un nuevo mundo se abre después de sobrevivir en una casa incendiada donde la música de Body Void ha sido tu salvadora. Zozobra y demolición para un nuevo cuerpo vacío.


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