Aathma – “Avesta” (2017)

Cada canción de Avesta representa un rito o culto a un elemento o deidad. Y divinidad son cada una de las canciones, formando un álbum imprescindible y brutal.

Valoraciones

8 Rabia
7 Emoción
8 Potencia
9 Calidad
8

Conocí a Aathma, a la sorprendente banda de metal nacional Aathma, ya hace bastante tiempo, con un corte llamado “A Thousand nails”, perteneciente al álbum The Call of Shiva. Desde entonces, intenté no perderles la pista, pero lo conseguí a medias. Desde hace otro tiempo acá, que volvieron a saltar por mis altavoces, los vuelvo a tener sonando sin parar y merodeando por todos los lugares en los que me muevo. Sobre todo, y principalmente, por su última obra editada hace dos meses llamada Avesta. Pero si hablamos de tiempo, hablemos de Aathma y la conceptualización de su nuevo álbum, ya que para ello, han viajado en el tiempo hacia atrás, llegando ni más ni menos, hasta la antigua Persia. ¿Y por qué allí?, porque Avesta, hace referencia a una serie de textos sagrados ancestrales de dicha tierra, actualmente desaparecidos, y que tan sólo han llegado hasta nuestros tiempos oralmente, de padres a hijos. Vamos, que la premisa antes de escucharlo, ya de por sí, es de órdago. Una vez oído y estudiado a fondo cada rincón de lo que dentro acontece, ese órdago mencionando, se queda en un mero de “oca a oca y tiro porque me toca”. El sonido de Avesta es… Lo que Juan a la guitarra y voces, Mario al bajo y Alex en la batería, han conseguido, es… Porque Aathma, no se anda con tonterías y su renovado sonido hace al oyente que… Avesta, grabado casi en su totalidad en directo, hace que el sonido sea más natural, directo -faltaría más-, atrevido, impactante, inquietante… Menudos textos sagrados cantados e instrumentalizados en seis partes más abrumadores.

Cada canción representa un rito o culto a un elemento o deidad. Y divinidad son cada uno de los cortes que forman este gran álbum.

Mah (la luna).

El primer corte, de siete minutos justos, te lleva precisamente de viaje a la luna. Con una introducción capaz de volarte la sesera, debido a unos suaves punteos incesantes de cuerdas, un poquito de platillo(s) y bombo, más una masa sonora turbia, psicodélica y que le da por explotar entre el minuto dos y pico y tres, hace que sea un comienzo de álbum, sinceramente, lunático. A partir de ahí, esa explosión se mantiene por la rotundidez de sus músicos y de un vocalista en estado de gracia. Contundencia instrumental la de Aathma, machacando los delicados nervios auditivos del oyente y dejándolo en tierra de nadie, asustado y desconcertado, pero no por lo oído, sino, por lo del impacto al escuchar tal virguería musical.

Mithra (dios solar).

Para darnos a conocer ante “Mithra”, la banda de Madrid nos regala ocho minutazos en los que no hay medias tintas. Un texto éste, en el que por encima de los instrumentos, resalta la voz de Juan, consiguiendo darle oscuridad, claridad y sentimiento, pero también, estirándola llevándola casi al asfixio y desgarrándola hasta hacernos daño. Y sí, junto a sus otros dos compañeros, crean un nuevo misil musical. Un misil con tempos bien diferenciados, pero que juntos, hacen que el dios solar, sea invencible. Una nueva composición musical que puede alardear de bella, cruda y rotunda, dándole a unos Aathma muy crecidos -entiéndase como halago-, una nueva dimensión en su carrera musical. Ver esto en directo tiene que ser entre desconcertante, efusivo, emocionante, aplastante…

Atash (el gran fuego).

Este corte fue el que utilizaron como presentación mientras llegaba el todopoderoso álbum. “Atash”, como todo lo demás, es una maravilla. Una sustancial gota de fuego que quema desde su comienzo y no cesa hasta que su mega brutal tramo final, se detiene. Una batería que te quita el hipo nada más comenzar y no te deja respirar en ningún momento, más unas cuerdas, que se unen a ese ahogo, y te aprietan hasta ver tus ojos arder. Potencia, locura y contundencia para avivar más aún, un fuego que arde ante nosotros y que dejará la desaparición de este planeta, en un mero acontecimiento. El gran fuego, “Atash”, es la demostración de que Aathma, campan a sus putas anchas por el mundo del metal underground, quemando ellos mismos, todo sol, estrella o religión que se les plante delante. No deben tener miedo a medirse ante ninguna otra banda de este calibre, porque derrochan fuerza a raudales, maestría para enseñar y argumentos para creerlos. ¡Impresionante!

Ken za (expulsión de malos espíritus, exorcismo).

Se dice que los exorcismos son el conjunto de fórmulas y de ritos que se practican para expulsar un espíritu maligno, especialmente el demonio, ¡ay el demonio!, pero si estos tres tipos son el demonio personificado, ¡cojones!, del cuerpo de una persona, de un lugar, etc. Y claro, “Ken za”, tras oírla, no arregla nada para que esto se quede en un simple texto. No, el cuarto texto, de exquisitez psicotrópica aumentada, es un alegato más a la consagración del trío dentro de estilos como el sludge, el doom o el stoner, o como ellos quieran definirse. Cuatro minutos para conseguir una exorcización espiritual que nunca llega, pero porque no hay forma de quitarse de encima, unas notas musicales tremendamente demoniacas en cuanto a forma y concepto. Música que atrapa. Música que hace alucinar. Música que juega contigo.

Hvare (el sol).

¿Y quién puede apagar este sol? Con un arranque de bajo, que consigue hacer que dicha estrella brille más y gane en fuerza, ya basta, una vez más, para darse cuenta de cuales son las intenciones de este trío. Porque seguidamente a esos primeros segundos de canción, y sin dar tregua para nada, se ponen los tres a martillear sus instrumentos como si ya no hubiera más mundo por conquistar. Con paradas para que Juan vocifere -impresionante sus diferentes registros vocales-, entre ritmos machacones y perseverantes -increíble el imaginar a Álex tocar esta brutal pieza-, hacen de este tema, otra clave más del nuevo camino que Aathma han tomado y quieren seguir. La bestialidad y destreza de sus tres músicos en este tema, es remarcable, muy remarcable. Calidad suprema salga el sol por donde salga.

Aban (el agua).

¿El agua apagará el sol, calmará a la luna, conseguirá que el exorcismo no se ejecute, apaciguará al dios solar o podrá con el gran fuego? No se sabe, pero lo que sí que se puede dar como una verdad, ya grabada como otro texto más -sería un séptimo-, es que Aathma, han conseguido transmitir esa historia de la antigua Persia a nosotros, de forma magistral y única. Y todo, por supuesto, a “Aban” y su más de doce minutos de duración. Un cierre de disco absolutamente fabuloso y perfecto. La composición más larga del álbum, nos lleva de viaje por diferentes estados emocionales y musicales, regalándonos -y haciéndonos recordar-, lo ‘bonita que puede ser la vida y su historia’. Canción que por momentos me recuerda muchísimo al tema con el que los conocí, va de impetuosa, marcando los tiempos de forma concisa y dura en su comienzo, a un estado más embriagador, stoniano, progresivo y psicodélico, mientras se acerca a su mitad. Ya en dicho espacio de tiempo, llegamos a ese recordatorio que he mencionado de “A Thousand nails”, en el que los tres músicos se calman, dándonos algo de paz después de tanta lucha, dioses y fuego, gracias a unos preciosos instantes -que ya serán los que nos acompañen hasta el final- en los que la sinuosa voz –por momentos- de Juan, las cuerdas del mismo, la robustez de las de Mario y la batería de Álex, se van perdiendo poco a poco entre el largo camino de una bella historia contada de forma soberbia. Una canción que hace que nos arrodillemos antes ellos y los alabemos por lo grandes que son, y porque no hay otra forma de agradecerles este trabajo.

El tercer álbum de Aathma ha sido mezcaldo y masterizado por Carlos Santos (Hamlet, Vita Imana, Somas cure…) y James Plotkin (Conan, ISIS, Le Temps Du Loup, Neila…). El artwork, el fantástico y maravilloso artwork, muy diferente y alejado de lo visto anteriormente en las otras publicaciones de la banda, es obra de Robert Hernández, uno de los tatuadores más consolidados a nivel mundial, el cual ha cedido una de sus obras para dar ese toque mágico y oscuro al nuevo trabajo de Aathma. ¡Chapó! ¡Chapó! y ¡Chapó! Un diez para la banda y otro para el artista. Me parece un tremendo acierto este paso y su resultado, evidentemente.

Los sellos discográficos que han participado en la edición del álbum y donde pueden hacerse con él, son: Violence In The Veins Merch, VZQ, Aladeriva records, Odio Sonoro, Lengua Armada Lenguaje Constructivo, Sacramento Records, Cosmic Tentacles y Underground Legends Records. Nada para el ocaso lunar, dios solar, el gran fuego, el agua, el sol y el exorcismo de unos Aathma, que han conseguido tapar cualquier duda que hubiera sobre ellos y llenar de luz y fuego, la vida de los mismos.

El sonido de Avesta es único. Lo que Juan a la guitarra y voces, Mario al bajo y Álex en la batería, han conseguido, es magia. Porque Aathma, no se anda con tonterías y su renovado sonido hace al oyente, que se quede atónito.

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